13 de junio de 2010

El pan en Friuli-Venezia Giulia y las Pancogole

.


Era mi primera visita a la región autónoma italiana de Friuli-Venezia Giulia; la empresa en la que he trabajado toda la vida hasta hace poco, había comprado recientemente una fábrica de polímeros en San Giorgio di Nogaro, cerca de Udine, y estábamos dando los primeros pasos para la integración de todos los sistemas de gestión (angelicos...). Como las penas con pan son menos, esa buena gente nos invitó a cenar y ahí fue donde empecé a descubrir las excelencias gastronómicas de la región, panes  y postres incluidos, por supuesto. Esas comidas fueron lo mejor de aquella aventura, diría que lo único bueno porque, ya se sabe, las absorciones siempre son traumáticas (sobre todo para el absorbido) y desapacibles, por decirlo de una manera muy suave.
En esa cena me enteré, gracias a un ingeniero muy enterado en temas de genealogía, heráldica y afines, que mi apellido tenía su origen en la región; yo conocía mi ascendencia italiana que se remonta cuatro generaciones en el tiempo, pero no tenía ni idea de qué lugar de Italia podían proceder mis antepasados.
En cualquier caso, el buen recuerdo de las comidas y cenas de trabajo y el conocer mis posibles y remotos orígenes, hicieron que sienta desde entonces una especial simpatía por Friuli-Venezia Giulia , región más oriental de la Italia continental.

Fuente mapa: Flanker - Wikimedia Commons

La búsqueda de información fiable sobre nuestros panes tradicionales españoles es difícil, larga y tediosa, por lo que a veces me desespero y no me resisto a la tentación de buscar en casa de los vecinos que, para qué nos vamos a engañar, tienen tantos buenos panes tradicionales como nosotros, si no más. Tras una primera incursión por Francia, Italia se me antojaba muy atractiva y, ¿porqué no empezar por "mi" región?


El pan en Italia (cuatro generalidades).

Una primera y muy breve visión geográfica sobre el pan en Italia, dividida en dos claras macrorregiones en cuanto al pan se refiere: en la parte septentrional, popularmente definida como "mangiapolenta" (comedora de polenta), el pan que no fuera de maíz ha sido considerado un lujo y por lo tanto consumido preferentemente en festivos; su formato suele ser por lo general pequeño, de miga ligera y muy esponjosa, y de corteza crujiente.
En el centro y sur de Italia, prevalecen los formatos más grandes, comúnmente en forma de hogazas procedentes de masas más consistentes, elaboradas para una conservación prolongada. Sorprende el aspecto tosco y primitivo de la mayoría de las hogazas, de formas poco definidas y sin más cortes que los producidos de forma natural en la cocción.
Evidentemente, esta es una división muy generalizante y basada sobre todo en la distribución de panes tradicionales, división que poco a poco va difuminándose por la colonización de formatos y tipos de panes más recientes y de procedencia menos genuina.


Panes tradicionales de la región.

Por su situación, la región de Friuli-Venezia Giulia ha sido durante siglos una encrucijada de lenguas y culturas en disputa permanente entre  la Serenísima Venecia y el Imperio Austrohúngaro; al menos en términos gastronómicos, este tipo de situaciones suele ser de lo más enriquecedor, como es palpable por poco que se conozca la región.

Fuente mapa: Rarelibra - Wikimedia Commons

Sus panes tradicionales reflejan por supuesto las distintas culturas de las que son herederos; no podían faltar los panes con maíz:
   - El Grispolenta, gruesos y crujientes grisines típicos de la Carnia, tierra de polenta al norte de Udine comprendida entre los Alpes Cárnicos (Alpi Carniche) y el río Tagliamento.
Estos panes rústicos, fragantes y crujientes, solo pueden encontrarse hoy en día en algunos hornos antiguos de esta región, aunque en el pasado su distribución llegaba a las provincias de Gorizia y Trieste.
   - El Pane di Mais, que de ser considerado un pan pobre de campesinos ha evolucionado a ser un manjar escaso y deseado, sobre todo en territorio Friulano. Realizado con una mezcla de harina floja de trigo y harina de maíz, su forma pretende recordar con sus cortes una mazorca de maíz.

El origen campesino también queda claramente evidenciado en la composición de los panes, en los que el valioso trigo se ve complementado por otros cereales normalmente más asequibles, como la cebada o el centeno:
   - El Pane Bruno, de una mezcla de trigo, cebada y centeno, variable en función de la mayor o menor disponibilidad de la siempre escasa harina de trigo; existe una clara referencia en 1682 de este pan en una comedia de Nolant de Fatouville (dramaturgo francés de la Comedia Italiana), Arlequin mercure galant, en la que el protagonista lo califica de "pan muy gris, más adecuado para galleta de convictos que para satisfacer el apetito de la gente honesta"...
   - El Pan de Frizze, estrechamente vinculado a la matanza del cerdo; frizze es una palabra en dialecto friulano que significa chicharrones (en italiano, ciccioli di maiale). Solo se encuentra en la región de Friuli y se produce de forma artesanal únicamente en la temporada invernal.
   - El Pan di Sorc, pan dulce y especiado elaborado sobre todo por Navidad con una mezcla de "maíz cinquantino", trigo y centeno; por fortuna, este pan está en plena fase de recuperación a través de una marca de calidad tutelada por la Cámara de Comercio de Udine.


La zona de Trieste, de mayor ascendencia austríaca/eslava, nos regala un par de panecillos de miga abizcochada por la adición de grasas:
   - La Rosetta o Kaiser, clásico panecillo tipo viena, marcado con cinco cortes en forma de estrella rotante; utiliza aceite como aditivo graso para conseguir su típica corteza fina y miga esponjosa y suave.
   - La Biga Servolana, delicioso doble panecillo para compartir (similar al sübrot), elaborado con harina blanca de trigo; su corteza es dorada y crujiente y la miga blanca, abizcochada, de alveolo pequeño y muy esponjosa. Utiliza la manteca de cerdo como aditivo graso.

Completa la aportación eslava un curioso pan de tipo semi bregado:
   - El Cornetto Istriano. Este pan pasó a formar parte de las especialidades de pan blanco tradicionales de Trieste a partir de los años cincuenta, gracias a los panaderos de Istria, que a raíz del éxodo producido por la anexión de esa región a Italia, dejaron sus tierras de origen para engrosar el gremio de la capital Giuliana.

De todos ellos quizás el más conocido sea la Biga Servolana, no solo por su exquisitez sino por el renombre de quienes la hicieron famosa: las mujeres de Servola, las Pancogole, una curiosa historia que no me resisto a explicar.


Historia de las Pancogole.

Pancogola, “mujer que cuece el pan”, es un término del dialecto veneciano derivado del latín “Panis coculae”. Ya en 1589, el Estatuto Municipal de Servola, un distrito de Trieste, regulaba la actividad de las mujeres de Servola que, seguramente para ayudar a la exigua economía de sus familias, se dedicaban a producir de forma artesanal panecillos de pan blanco que vendían por la calle o en los domicilios de las clases más adineradas de Trieste. Dichas mujeres prestaban juramente ante los magistrados comprometiéndose a practicar su arte con diligencia y sin ningún tipo de fraude. La fama de su pan entre los clientes se vio beneficiada por la mala calidad del pan comercial de la época. Esas mujeres valerosas hubieron de sufrir durante siglos muchas dificultades para desempeñar su labor, ya que los comerciantes veían peligrar su hegemonía y urdían toda clase de maquinaciones  para que las autoridades les perjudicaran; debían identificarse al entrar en la ciudad, no se les permitía la venta hasta después de las once de la mañana, se les regulaba la adquisición de harina, algunos panaderos formaban cooperativas para acaparar todo el mercado en detrimento de las pancogole, cosa que consiguieron durante el periodo 1759-1767,… Sin embargo, a veces su esfuerzo y su arte se vieron recompensados, como cuando fueron invitadas a ir a la corte de Viena en 1756 y 1764 para instruir a los panaderos locales. Sus condiciones laborales mejoraron en 1781, cuando pudieron disponer de un lugar cubierto para vender sus productos, pero siempre fueron vigiladas muy de cerca por las autoridades, que les controlaban obsesivamente el peso, precio y la limpieza de sus productos.
Ya en el siglo XX, entre las dos guerras mundiales, se prohibió la venta ambulante de pan, peros las mujeres servolanas continuaron su negocio a escondidas, acabando más de una en la cárcel. La concesión de licencias para vender el pan era cada vez más difícil y su coste, inasumible. Tras una ligera y efímera mejora de las condiciones durante el Gobierno Militar Aliado, las disposiciones sanitarias de 1955 que regulaban la panificación asestaron un duro golpe a las pancogole, que fueron abandonando paulatinamente el oficio hasta su total desaparición en 1972.
El 24 de junio de 2000 se inauguró en una plaza de Servola, en una emotiva ceremonia, una preciosa placa conmemorativa de la ingente labor de esas valientes mujeres a lo largo de cuatro siglos.


Elaboración de la Biga Servolana.


    - Receta:
Biga:
Harina blanca de trigo, de fuerza (ajustar la cantidad en función de la masa final)
50% Agua
0,25-0,50% Levadura fresca

Masa final:
Harina blanca de trigo, floja, tipo "00"
58-60% Agua
25% Biga
1,5% Sal
7-8% Manteca de cerdo (o mantequilla, pero no es tan auténtico)


   - Preparación:
La noche anterior a la elaboración del pan, preparar un biga con harina de trigo de fuerza, en cantidad suficiente para producir un 25% de la harina de la masa final, y el 50% en peso de agua. Añadir una pequeña cantidad de levadura fresca (0,25-0,50%). Amasar hasta conseguir una masa fina y dejar reposar de media hora a una hora para iniciar la fermentación. Guardar en nevera, en un recipiente cerrado.

Al día siguiente, preparar la masa final añadiendo en un bol la harina, el agua y el biga troceado para facilitar su mezcla; mejor no atemperar el biga antes de su utilización, ya que nos interesa que la masa final esté fresquita, ya que le espera un amasado largo y así demoraremos en lo posible el calentamiento excesivo de la masa.
Una vez esté la masa convenientemente amasada (debe quedar un poco menos del punto correcto), la dejamos reposar unos 10 minutos, añadimos la sal y la manteca de cerdo troceada y a temperatura ambiente para facilitar su incorporación y volvemos a amasar unos 10 minutos más.
Reposo en bloque 1h30 a 21-22ºC (no conviene sobrefermentar), hasta doblar o algo menos.



Dividir la masa en porciones de 80-90 gramos y bolear fuertemente.
Reposar 10 minutos y volver a tensar las porciones de masa, situándolas de dos en dos en una couche de lino enharinada, boca abajo y de forma que se unan fuertemente entre ellas.


Tapar para que no se formen excesiva piel y fermentar algo menos de la mitad del tiempo de reposo en bloque.
Pasar al pergamino de hornear boca arriba y manteniendo unidas las porciones de dos en dos; efectuar un corte profundo transversalmente de forma que ambas porciones queden marcadas.


Hornear 30 minutos con horno suave (220ºC), sin vapor. Han de quedar doradas.


En las siguientes fotos podemos apreciar la miga esponjosa al separar las dos mitades...


... Y en un corte transversal, siguiendo el marcado:



Para desayunar, comer, merendar, cenar, ... y lo que sea. Deliciosas.

Para no alargar más el post, dejaré la puesta en práctica de otras recetas de la zona para la siguiente entrada.
Que disfrutéis...

23 de mayo de 2010

Panes de Alsacia y Lorena (1)

.
Pan de centeno, cerveza y miel - Fuente Panis Nostrum

Hago aquí una primera y breve incursión sobre los panes tradicionales de Alsacia y Lorena, región muy interesante por las influencias de dos culturas, la francesa y la alemana, que han ido imprimiendo su carácter en estas tierras, fruto de la alternancia del poder a lo largo de la historia.
Fuente mapa base: Wikipedia

Sübrot.

Este apartado se ha basado en la información contenida en el capítulo "Le sübrot d'Alsace" del libro "Pains d'hier et d'aujourd'hui" de Mouette Barboff.
El sübrot, también llamado suweckele, sous-weck, süwekle o wekele, es un panecillo singular en su forma y habitual en los desayunos de Alsacia y Lorena.
Su nombre, de procedencia claramente germánica, significa textualmente "pan de un sueldo" ("pain d'un sou" en francés), en referencia a su coste primitivo. Su ámbito se sitúa en la región fronteriza entre Francia y Alemania, una región que ha alternado frecuentemente entre ambas nacionalidades, y su origen es anterior a 1870, como lo indica su presencia en los emblemas de los panaderos de la época, junto al bretzel. Pan blanco de espelta o trigo, seguramente nació como atractiva novedad ante el predominio de los oscuros panes de centeno alemanes predominantes en la zona.

La originalidad de su forma viene dada por dos circunstancias: es un panecillo doble, con ambas partes débilmente unidas entre sí por su contacto en la fermentación, juntados en origen para poder ser posteriormente separados al compartir. Qué bello pensamiento el de conformar un pan expresamente para poderlo compartir con la persona compañera...
A su vez, cada parte es fácilmente divisible en dos para facilitar su ingesta y para primar la proporción de corteza sobre la miga. Esta segunda división es una especie de hendido no mecánico, es decir, no producido por corte o presión de un rodillo sobre la superficie, sino consecuencia de estar formada la masa por dos mitades separadas entre sí por una débil capa de aceite, mantequilla o, como en su origen, por manteca de cerdo.
Veamos su preparación:

    - Receta:
Esta receta está adaptada del mismo libro "Pains d'hier et d'aujourd'hui".
harina semi-integral de trigo y harina blanca de trigo, de fuerza, a partes iguales (originalmente, se utiliza harina tipo T80)
60% de agua
0,8-1% de levadura fresca (la receta original no usa prefermento)
1,4% de sal fina

    - Preparación:
 Mezclar los ingredientes y amasar hasta conseguir una masa fina y brillante que supere la prueba de la membrana.
Formar una bola y dejar reposar en bloque en un bol ligeramente enharinado (no usar aceite), tapado y a temperatura ambiente hasta doblar en volumen (unas 2 o 3 horas, en función de la temperatura).
Sacar del bol y dividir la masa en dos partes de igual peso, a las que se dará forma ligeramente alargada.


Con el rodillo, extender cada porción de masa formando un rectángulo de unos 2 cm de espesor:


Untar muy ligeramente con aceite, mantequilla o manteca de cerdo ambas superficies. Enharinar una de ellas y eliminar la harina sobrante; es muy importante no excederse en la cantidad de materia grasa.


Juntar ambas partes por las caras tratadas, igualando los bordes antes de cortar en porciones de unos 100g cada una, de forma cuadrada o romboide:


Ahora viene lo complicado: coger una porción cuadrada o romboide y apoyarla sobre uno de los vértices, aplastando contra la superficie de trabajo hasta que quede como un triángulo; hacer lo mismo con otra porción, pero solapando ligeramente uno de los extremos, para que queden soldadas:


Pasar las parejas de panecillos a una couche de lino enharinada y dejar fermentar aproximadamente la mitad de tiempo del reposo en bloque:


Precalentar mientras tanto el horno a 240ºC. Hornear entre 20 y 30 minutos, en función del tamaño de los panecillos, con adición de vapor, hasta color tostado y temperatura interior de 95ºC. Enfriar en rejilla.

Aquí está el resultado; he de advertir que no es nada fácil conseguir la forma correcta; en Lorena llaman a los pliegues del panecillos "nalgas de virgen" pero, cuando el formado es defectuoso (como seguro es mi caso), les llaman jocosamente nalgas de alemán o de prusiano.

Sübrot - Fuente: Panis Nostrum

La división horizontal corresponde a la separación entre las dos medias partes, y es por donde se parte para compartir; la división vertical corresponde a la abertura producida por la capa de materia grasa (otro caso de greñado sin corte para engordar la relación en los apuntes).
En la siguiente foto podemos comprobar que ambas divisiones son profundas, ya que pueden observarse en la cara inferior del panecillo, pero el conjunto tiene que aguantarse unido por si solo.

Sübrot - Fuente: Panis Nostrum

Podemos ver también la esponjosidad de la miga al separar las mitades:

Sübrot - Fuente: Panis Nostrum

Para desayunar, merendar, ... y en cualquier comida; eso sí, mejor recién horneado. ¡Buen provecho!


Hogaza con centeno, cerveza y miel.

Se trata aquí de un pan tradicional de Lorena, de oscura procedencia y mucho más sencillo de elaborar que el sübrot, una hogaza muy rústica y llena de sabor.

   - Receta:
Receta basada en el libro "Le pain en Lorraine", de Martine Dalger.
(Las cantidades han sido ajustada para utilizar una botella de cerveza de 330cl).
220g de harina blanca de centeno
330g de harina de trigo de fuerza
20-30g de miel, según nos apetezca un sabor más o menos intenso (yo prefiero poca cantidad, para que no predomine tanto el sabor de la miel; también depende del origen de la miel)
330cl de cerveza malteada
5-7g de sal
15 g de levadura fresca (tampoco esta receta lleva masa madre)

   - Preparación:
Batimos la cerveza (tibia, aprox. 37ºC) con la levadura y la miel, hasta mezcla homogénea. Dejamos enfriar.
Mezclamos en un bol las harinas y la sal y añadimos sobre los líquidos anteriores.
Amasado hasta obtener una masa lisa y que supere la prueba de la membrana.
Reposo en bloque durante 1h30 - 2horas, según temperatura ambiente, hasta doblar en volumen.
Bolear y formar una hogaza. Dejar fermentar la mitad del tiempo de reposo en bloque.
Efectuar 8 incisiones profundas que converjan en el centro superior de la hogaza:

Pan de centeno, cerveza y miel - Fuente Panis Nostrum

Hornear entre 40 y 45 minutos a 210ºC, con aporte de vapor. Debido a los azúcares aportados por la miel, la parte superior de la hogaza oscurece mucho, por lo que puede ser necesario protegerla los últimos 15 minutos con un trozo de papel de aluminio.
Aquí podemos ver el aspecto fuertemente primitivo y atractivo de esta hogaza:

Pan de centeno, cerveza y miel - Fuente Panis Nostrum

La gruesa corteza dorada esconde una miga esponjosa, algo oscurecida por el centeno, que desprende un aroma dulzón intenso, preludio de un sabor inolvidable.

Pan de centeno, cerveza y miel - Fuente Panis Nostrum

En el desayuno y merienda está riquísimo; no necesita prácticamente nada que lo acompañe.