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12 de mayo de 2010

El pan candeal y los panes tradicionales de Castilla y León.


(Editado el 9 de abril de 2013)
El pan candeal es para mí el “otro” pan, un pan radicalmente distinto al que acostumbro a ver y consumir y que podríamos llamar genéricamente "pan de flama"; entre ambas especialidades se reparten la mayoría de los panes consumidos en nuestro país. Me gusta el pan de flama porque aprecio su miga esponjosa y de grandes alvéolos, pero el pan candeal me atrae como un misterio, un reto que supone la dificultad de elaborar un pan por definición de miga prieta, muy poco hidratado, pero suave y lleno de sabor, artesano por naturaleza ya que es poco compatible con la mecanización.

El Pan Candeal está muy presente en las tahonas de ambas Castillas, Extremadura y Andalucía, pero varias razones me han llevado a decantarme por estudiar en primer lugar los panes tradicionales de Castilla y León como marco de referencia para ahondar un poco en el conocimiento del pan candeal: la vital importancia de la producción de cereales en esta Comunidad, concretamente en Tierra de Campos, comarca también definida como Granero de España, el origen histórico del pan candeal en esta región y haber conseguido acceso de forma providencialmente coincidente a muy buena información a través de un par de libros muy interesantes como “El pan en Castilla y León” (gracias, Boris), editado por la Junta de Castilla y León, y “El Pan de Valladolid”, editado por la Diputación de Valladolid (ver bibliografía), así como varios interesantes artículos publicados en Revista de Folklore, año 1998 tomo 18b número 213, año 1983 tomo 03b número 34 y año 2009 tomo 29 número 338.

Castilla y León

Desde Castilla y León y más concretamente desde Valladolid, cuna del pan candeal, se exportó a partir de 1563 la técnica del pan blanco hacia el sur de España, a través del maestro panadero Francisco Mateo, contratado por los grandes banqueros de la Corona, los Fúcares; con el tiempo, Andalucía competiría con Castilla con sus afamados panes, tal como lo reflejaba, entre otros, el mismísimo Lope de Vega:
“Pan de Gandul de mi vida
roscas de Utrera del cielo”
Así mismo, este pan se afincó en la Normandía francesa, donde llegó a través de Navarra en tiempos de Carlos II de Navarra, llamado El Malo, casado con la francesa Juana de Valois. Dio lugar al llamado pain brié normando (también, pain brié du Calvados), muy similar al candeal.
Otras referencias asocian además el pan candeal al pam de callo de Portugal y al pan español de Argelia y Túnez.


Castilla y León, tierra de cereales.

Históricamente, la importancia del cultivo de cereales, especialmente del trigo, ha constituido uno de los pilares básicos de la economía de esta Comunidad, siendo también el producto, junto con la lana, que acapara la mayor parte de las exportaciones. Tanto es así que su comercio y transporte han condicionado a lo largo de la historia la construcción de infraestructuras, influyendo por tanto en la organización y articulación del territorio; la red de ferrocarriles mejoró la comunicación de la Meseta con el resto de la Península, algunos cursos fluviales fueron modificados en función de las necesidades de molturación del grano y el Canal de La Infanta fue construido para facilitar el transporte de cereales hacia los puertos de exportación del Mar Cantábrico.
El trigo, por tanto, ha sido hasta épocas recientes el producto por excelencia de la actividad agrícola castellano-leonesa. Las primeras fábricas harineras sustituyeron en el siglo XIX a los primitivos molinos conformando una auténtica revolución, aunque el desarrollo económico de los años sesenta, en el siglo XX, abocaron el sector a una situación de excedentes, a la búsqueda de productos alternativos y a un retroceso generalizado de los cereales a favor de otras siembras, agravándose dicha situación con la entrada en el Mercado Común Europeo. Aún así, el cultivo de cereal de Castilla y León representa el 80% de la superficie de la Comunidad destinada a cultivos herbáceos y entre el 30 y el 40% de los cereales nacionales.

El sector de panadería está conformado principalmente por empresas de tamaño reducido, con un buen número de ellas de tipo familiar, encabezando el conjunto de industrias agroalimentarias por número de empresas y en segundo lugar por el número de personas empleadas. 1.600 empresas producen anualmente en torno a 170.000 tm de pan para una población de unos 2,5 millones (186 g de pan persona/día). El consumo medio en España está situado en la actualidad en los 150 g/persona/día, cuando la recomendación de la OMS se sitúa en los 250 g/persona/día.
Castilla y León se caracteriza por sus productos con nombre propio, con calidad, tradición y singularidad en su elaboración; algunos han ido desapareciendo en el tiempo pero muchos perduran e incluso algunos se recuperan. Inmerso en esta corriente, el sector de la panificación está en alza, aumentando recientemente un 18% el consumo de pan fresco.


Tipología y características de los panes de Castilla y León.

Atendiendo a la naturaleza de la masa empleada, existen dos tipos mayoritarios de panes en Castilla y León:

   - La masa común o de flama, para la elaboración de panes con miga esponjosa y corteza abarquillada, como define J.C. Capel; dichos panes se denominan pan de flama o pan de miga blanda. La masa se elabora con harina de trigo de fuerza media y grado de hidratación medio (60-70%); admite la mecanización por lo que es cómoda de utilizar y rentable para el panadero.
Los panes se presentan en diversas formas, como la hogaza, barra, rosca o trenza. En el caso de las hogazas, su denominación viene determinada por las marcas de su corteza (hogaza estrellada, coleta o pan trenzado de León, pan de uña de Astorga), o por su tamaño (hogaza de León, pan de Astorga, pan feo de Zamora, como grandes piezas de dos kilos, hogacina (Bembibre) o panín, para pieza de menor peso). Como en otras Comunidades, la trenza es un pan con carácter simbólico-religioso de origen judío.

   - La masa candeal, genuinamente representante del pan en estas tierras, que produce panes densos, con miga blanca de estructura firme y compacta, con alvéolos pequeños y corteza lisa, dorada y brillante, Estos panes pueden denominarse pan blanco (por su miga), candeal (por el tipo de harina), sobao, bregado y amacerado (por el proceso de refinado de la masa a través de cilindros) o español (por una asimilación generalizada de su área natural de producción). Utiliza harina blanca de trigo de fuerza y bajo grado de hidratación (en torno al 40-45%); implica un cuidadoso proceso manual por lo que sus costes son más elevados que en el caso anterior, lo cual ha llevado este tipo de pan a una situación de difícil supervivencia. Afortunadamente, la actual tendencia a consumir productos de calidad y tradicionales ha ido recuperando su elaboración como producto representativo del pan artesanal de calidad.

Varios formatos identifican este tipo de pan, siendo el más común el pan circular en forma de hogaza aplastada con cinco cortes (pan cortao, pan de canteros de Medina del Campo, pan de curruscos o de rescaños de Salamanca), decorado (pan lechuguino de Simancas, Burgos, Dueñas, Valladolid, Palencia, Salamanca y Medina del Campo), cortado mediante múltiples cuadros o rombos (pan de cuadros o labrado de Medina del Campo, pan de rombos), cortado por una incisión circular realizada con cuerda y que separa base y superficie (pan de polea de Valladolid); a veces estos panes circulares son denominadas genéricamente como libretas castellanas (Salamanca). También se producen panes candeales o semicandeales en forma de rosca y, finalmente, en barra ancha y aplastada (barra de picos, piña y fabiola)

   - Además de estos dos tipos de masas, existen otras de menor consumo, como las masas aceitadas (tortas de aceite de Aranda de Duero, Puente Villarente y Fuensaldaña, pan de aceite de Soria, en forma de serpiente enrollada o caracol), masas dulces (pan de mosto de Valoria La Buena y de Dueñas, bollo Maimón de Salamanca, bollos de leche, tortas fritas o churradas de La Armuña, obleas de Salamanca, la regueifa, de la comarca de Luna, Pan y Torta dulce de Gordón y de Valdepiélago), hornazos, que vienen a ser una hogaza (pica de Benllera, picón de Argüelles) o barra (bollo de pastor maragato) preñada de trozos de chorizo, lamo, carne magra y panceta, para la gente que ha de estar largo tiempo en el campo o de camino (siguen elaborándose en Laciana y en Babia y de ellos nació el famoso bollu preñau asturiano, pariente pobre ya que sólo lleva un chorizo dentro como sorpresa) y empanadas (Berciana, de Villafranca del Bierzo, Langarto o Lagarto de Ágreda, empanada de Sajambre).

   - También debemos tomar en consideración otro grupo de masas productoras de los denominados panes de carestía, llamados así por su consumo en épocas de malas cosechas o hambrunas y elaboradas con cereales considerados inferiores tales como el maíz (torta de pan de borona, llamada Boroncho, de Oseja de Sajambre) o el centeno (bazo maragato), con salvados de escasa calidad (la cazucha, de Sajambre y Valdeón) e incluso con harina de castañas (pan de castañas, de El Bierzo y La Cabrera).


Descripción de algunos panes más significativos.

Mención especial merece el  “Pan de Valladolid”; esta marca es la primera figura de calidad de este tipo de producto en Europa. De su importancia desde el siglo IX da testimonio el Cronicón Albendense, de Diodoro de Sicilia, y es conocido que al emperador Carlos V se lo llevaban regularmente hasta su retiro final en el Monasterio de Yuste.
Bajo la marca de calidad Pan de Valladolid se elaboran ocho tipos de pan de los que seis son de tipo candeal (pan de cuatro canteros, pan lechuguino, pan de cuadros, pan de polea, barra de picos y barra fabiola) y otros dos de tipo flama (barra de riche y barra rústica).
Mi sincero agradecimiento a la entidad Pan de Valladolid por permitir amablemente la publicación de sus imágenes.

   - Pan Lechuguino.
Sin duda el de mayor renombre y que puede considerarse como más representativo del Pan de Valladolid, aún siendo originario de toda la Tierra de Campos, que comprende parte de las provincias de León, Palencia, Valladolid y Zamora.
Es un pan candeal en forma de hogaza aplanada, con una corteza brillante, dorada y crujiente, ricamente decorado en su superficie mediante cortes y marcas redondas formando círculos concéntricos que recuerdan un cogollo de lechuga; de ahí su nombre, aunque otra versión apunta a la denominación de lechuguino que se le da en Castilla a la persona que va muy arreglada cuando no es su costumbre. Antiguamente, dichas marcas se hacían con la parte redonda de una llave aunque en la actualidad, por supuesto, se aplica un marcador que produce resultados más uniformes (y más impersonales, claro).


   - Hogaza de León.
Originalmente, el término hogaza proviene de fogaza, que se definía en el siglo XVII como "pan de harina mal cernida, propio de gañanes y pastores que lo amasaban y cocían entre la ceniza..."; de ahí se deriva su nombre de fogaza. Posteriormente, el término de hogaza se asoció a panes redondos grandes, de más de dos libras de peso.
Tiene fama la hogaza de León, pieza de gran peso (1 y 2 kilos) y volumen. Es un pan de flama, elaborado con masa madre, amasado lento y larga fermentación; su cocción le confiere una corteza gruesa y dura, por lo que su conservación es muy buena, siendo su miga de color crema, con grandes alvéolos irregulares. Su forma suele ser abombada y redonda, como es el caso en la hogaza de León, pero también hay variantes con cuatro grandes puntas o picos en forma de estrella (hogaza estrellada), en forma de rosca, adornada con una trenza alrededor de su perímetro (coleta o pan trenzado de León) o adornada con profundas incisiones en forma de uña (pan de uña de Astorga).
El término hogaza de León puede cambiar, para el mismo tipo de pan, según la localidad (pan de Astorga en Mayorga, simplemente hogaza en Mombuey, pan feo en algunas zonas de la provincia de Zamora).
Imagen: El Pan en Castilla y León.
Como variantes de la hogaza podemos considerar la pica de Benllera, hogaza a la que se le introduce en el amasado torreznos de tocino, longaniza y jamón curado (prácticamente ha desaparecido) y el picón,  similar al anterior pero relleno con carne o embutidos, típico de la zona de Argüellos.

   - Fabiola.
Sus 50 años de antigüedad le permiten ser considerado como pan tradicional; se creó en 1961 por un panadero de Valladolid en honor a Doña Fabiola de Mora y Aragón y debido al gran eco social que despertó su matrimonio con el rey Balduino I de Bélgica. Es un pan semi candeal en forma de barra y con cortes transversales en forma de ondulaciones en su parte superior. Tiene un sabor delicado y fino, con una miga muy blanca y alvéolos algo mayores, debido a su grado de hidratación y al contenido en levadura, algo superior a lo normal en un candeal.
Su consumo es muy frecuente en la zona de Valladolid, formando parte de su marca de calidad.
Lamento no poder mostrar una imagen con una mínima calidad fotográfica en la que aparezca la barra sola, por lo que optaré por recortar un área del conjunto de Panes de Valladolid. La fabiola está situada en la zona central superior.


   - Pan de cuadros.
Como la mayoría de los candeales, su naturaleza es similar, variando únicamente en forma y decoración. En este caso, el pan de cuadros es una hogaza aplastada con una corteza de color marrón claro y mate, sin brillo, y cortes en forma de malla.



Ritos y tradiciones en torno al pan.

   - Panes de ofrendas:
En San Pedro Manrique (Soria), por San Juan, las ceremonias de “paso del fuego” se complementan con el desfile de tres reinas de la fiesta (llamadas “móndidas”) que recorren las calles del pueblo portando en su cabeza un espectacular cestaño de pan y rosas con el cual realizan, durante la misa mayor, la ofrenda de los arbujuelos (ramas de árbol revestidas de masa de pan azafranada).
En Astorga y en el día de su boda, los novios maragatos obsequian a cada mujer que cumplimenta a la novia un bollo similar a una hogaza, llamado Pica Maragata.
El costumbrista Miguel Moreno, en su Memorial de Soria, alude al carácter de ofrenda sepulcral que en la provincia castellana poseían algunos panes: “El mollete era un panecillo rechoncho, gracioso, tripudo, con cordón de rombo, que se llevaba al añal y se dejaba allí como ofrenda el día señalado: aniversario de algún difunto, aniversario de boda o de bautizo, fecha de hacer memoria porque se salvó la cosecha del pedrisco”.
Ofrendas a difuntos: como en todas las regiones, existen infinidad de panes ofrendados en actos religiosos en honor a los difuntos, que posteriormente, se donaban a los pobres (directamente o el importe de su venta o subasta), como es el caso del pan de los muertos, la oferta de Oseja de Sajambre, el pan de la caridad de Riaño, y tantos otros.

   - Panes de Pascua (editado):
El hornazo de Salamanca, similar a una empanada, constituye la merienda típica en el Lunes de Aguas (lunes siguiente al Lunes de Pascua), rememorando aquellas fechas en que las mujeres de "mala vida" de la capital helmántica regresaban a sus burdeles de la mano del Padre Putas, tras haberse confinado durante toda la cuaresma en la orilla izquierda del Tormes.

Hornazo de Salamanca - Fuente: Wiki Commons (autor: Tamorlan)

   - Panes fálicos:
La bolla de Bembibre (León), pan típico por San Antón, tiene apariencia de un tosco falo. Son bendecidos en ese día y posteriormente consumidos por los asistentes a la ceremonia; finalmente, se dan a los animales, como puede verse en este artículo de Revista de Folklore.

   - Panes de fertilidad:
En las panaderías de Medina del Campo, por Pascua, se elaboraban hasta no hace muchos años artísticos lagartos de pan.
En Sorihuela de Béjar (Salamanca), para la Pascua de Resurrección, surgen dos especialidades típicas, el pan amarillo y el hornazo. El primero, coloreado con azafrán y luciendo diminutos apéndices en su cara superior, emula el signo planetario del sol, símbolo de fecundidad activa. El segundo, con forma de media luna rellena (embarazada) con chorizo y tropezones de la matanza, evoca la diosa femenina, la fecundidad pasiva. Es un caso particularmente interesante de matrimonio de panes.
En Tierra de Campos, se bendecían en la misa del día de Candelas unos hogazas llamadas bollos de las candelas, que se daba a las mujeres en la última fase de gestación para desearles un buen parto. Si nacía el niño sano, la madre ofrecía al sacerdote, en agradecimiento, vino y un panecillo llamado oblata.
Con ocasión de las bodas, en muchos pueblos bercianos se elaboraban unas hogazas en forma de niño, recubierto con clara de huevo, azúcar y confites de colores, denominadas bollicón.

   - Panes figurativos:
las panaderías de Ágreda (Soria) elaboran una empanada con sardinas en salazón, con perfil de media luna, denominada langarto o lagarto.
En la zona de Astorga, para simplemente festejar la acción de cocer el pan, se elaboraba un muñeco con la masa sobrante, el maragato, que se daba a los niños de la familia.

   - La carrera del bollo o de la rosca:
Con ocasión de romerías y bodas de antaño, se celebraban en los pueblos maragatos las llamadas carreras del bollo, rito con reminiscencias muy antiguas que algunos investigadores enmarcan en los ejercicios atléticos que practicaban los astures a fin de entrenarse para el combate. Competían dos bandos opuestos de mozos; uno de ellos, "propietario" del bollo y llamado "mantenedores". El bollo consistía en un muñeco hecho de pan con algunas monedas clavadas en su cabeza. Los corredores partían de dos en dos de la salida, denominada "mano", donde se posicionaban los "jueces de campo". El ganador de la primera carrera corría las siguientes, hasta que le vencía el contrario y éste se obligaba a seguir de "mantenedor", en tanto continuase ganando, o se agotasen los corredores del bando contrario, en cuyo caso se le otorgaba el bollo.
En Sariegos, para la Octava del Corpus, la fiesta se denominaba correr la rosca, ya que el bollo era sustituido por una rosca de pan, adornada con confites y pequeñas figuritas.
En la comarca de Babia se solía celebrar la carrera de la rosca en las eras, con ocasión de alguna boda, siendo en este caso elaborada la rosca con pan dulce amasado con leche y con un adorno de hilillos de azúcar. Más detalles en este artículo.


El pan candeal en la práctica.

Como ya he mencionado anteriormente, el pan candeal se caracteriza por su baja hidratación, en torno al 40-45%, y su elaboración con harina de trigo muy blanca y de cierta fuerza. La utilización de masa madre, al referirse a masa de producciones anteriores, no ha de elevar la tasa final de hidratación (si se utiliza prefermento al 100% de hidratación, corregir la cantidad de agua en consecuencia).
Otra particularidad reside en su elaboración, de la que destacaremos su corto amasado y el refinado mediante rodillo hasta obtener una masa fina, blanca y extensible; no requiere reposo en bloque, ya que urge llegar cuanto antes al formado sin que la masa gasifique de forma apreciable, ya que deseamos obtener una miga compacta. El cortado también se realiza antes de la fermentación, para que quede bien marcada. Justo antes de hornear, la masa es picada para que el calor del horno penetre en la masa y produzca una cocción más uniforme. Para obtener una corteza brillante, la superficie del pan formado es pintada con agua antes y, opcionalmente, después del horneado.

   - Receta:
Harina de trigo blanca, de fuerza W en torno a 200 y ratio P/L entre 0,3 y 0,6 (predomina la extensibilidad). Número de caída 300 segundos
45% de Agua
20-30% de Masa madre (masa de la producción anterior o biga al 50% de hidratación elaborado la noche anterior y guardado en nevera)
2% de sal
1% de levadura fresca prensada

   - Elaboración:
Asumiendo que no tenemos masa de pan candeal guardada del día anterior, preparamos un biga al 50% de hidratación y 1,5% de levadura, en cantidad suficiente para poderlo añadir en proporción del 20 al 30% sobre la cantidad de masa final. Por ejemplo, si vamos a trabajar sobre 500g de harina y un contenido de masa madre del 20%, necesitaremos aproximadamente 100g de biga al 50% de hidratación, es decir, producido con 70g de harina y 35g de agua (total, 105g). Dejamos que inicie la fermentación (1 o 2 horas en función de la temperatura ambiente) y guardamos en nevera hasta el día siguiente, para frenar la fermentación y mejorar el sabor final.
Pesamos en un bol el agua (225g para 500g de harina) y añadimos el biga y la levadura fresca. Removemos hasta obtener una papilla más o menos homogénea, para facilitar la posterior dispersión de la harina y alcanzar pronto una homogeneidad aceptable.
Añadimos la harina (500g) y la sal y removemos con espátula para mezclar; debido a la baja hidratación de la masa final, no hay espátula ni amasadora casera que valga, por lo que pronto deberemos volcar el contenido del bol sobre la mesa de trabajo y amasar a mano (debiluch@s abstenerse). Olvidaros de los Sres Bertinet y Lepard, aquí hay que presionar fuerte una y otra vez con la palma de la mano, girando 90º entre cada estirón.


El amasado es relativamente corto, lo necesario para obtener una masa homogénea aunque tosca y rugosa (entre 8 y 10 minutos, que es poco teniendo en cuenta las características de esta masa y que amasamos a mano).


Sin reposo que valga, cogemos el rodillo (recomiendo uno con cojinetes de deslizamiento, como este, porque el esfuerzo a hacer es considerable) y empezamos a aplanar la masa, doblarla sobre sí misma, estirarla de nuevo, volver a doblarla, ... y así hasta obtener una masa algo más blanca que al principio, más extensible, nada pegajosa y de fina textura sedosa. Todo ello nos puede llevar unos veinte minutos.


Como urge formar antes que la masa gasifique, pues eso, le damos la forma que mejor nos convenga (hogaza o barra), aplastamos y procedemos al corte con trazos profundos y la geometría adecuada al pan que intentamos emular. Muestro aquí un intento de barra de picos y de pan lechuguino (decorado muy chapucera y rústicamente, que yo no tengo molde)


Tapamos con un plástico para evitar que la superficie se reseque (tranquilos, no se va a pegar) y dejamos fermentar, aproximadamente 50-60 minutos a 21ºC. Si observamos la masa en los cortes, deberemos finalizar la fermentación cuando sea apreciable la gasificación.

Una vez fermentada la masa, picamos su superficie con un pincho de madera (o con la sonda del termómetro), de forma más o menos estética, para ayudar a que la cocción sea más uniforme. Podemos pintar la superficie con agua (no en los cortes) para mejorar el brillo dorado de la corteza final.


Introducimos en el horno, que habremos calentado previamente a 210ºC, y horneamos entre 30 y 40 minutos (adición de vapor al principio), hasta conseguir un bonito color dorado (no tostado) y los consabidos 95ºC-96ºC de temperatura interior.
Justo al retirar del horno, podemos volver a pintar la superficie del pan con agua, para incrementar el brillo de la corteza.

Et voilá... Bueno, pues para ser la primera vez que pruebo de hacer este pan, ha salido bastante dentro de lo esperado: corteza muy fina y crujiente (las primeras horas, claro, porque con este mayo tan lluvioso...), miga blanquísima compacta pero muy suave y esponjosa, abizcochada.


Algunos detalles de la fina corteza dorada y de la suave y blanca miga:



Como conclusión a la prueba, diría que (casi) todo el secreto reside en la correcta elección de la harina; es importante también conocer el límite en el que hemos de detener el refinado. Bueno, esto solo ha sido el principio de un romance, continuará...
No quiero engañaros, la verdad es que no es nada fácil hacer este tipo de pan, pero el resultado es tan gratificante... ¡Animaros y a por él!

23 de marzo de 2010

Panes, cintas y cordones.

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En la anterior entrada sobre panes tradicionales de Aragón, me llamó poderosamente la atención el llamado "pan de cinta", por su forma primitiva y sugestiva, evocadora de una silueta fetal en la que la cinta representa su cordón umbilical que le abraza transversalmente. José Carlos Capel y otros autores clasifican este pan como polimorfo de alegoría a la fecundidad y a la vida. Como por el momento no podía pensar en desplazarme hasta Zaragoza para hacerme con algunas muestras de pan aragonés, seguí buscando documentación gráfica al respecto, con muy poco éxito. A partir de algunas pocas imágenes, todas de pésima calidad, pude observar que a ambos lados de la cinta o cordón de masa que cruza la superficie superior se formaba una clara greña en su mismo sentido, lo cual me llamó la atención ya que, hasta dónde yo se, no se practica ninguna marca por corte en este tipo de pan.

De forma paralela, curioseando información sobre algunos panes tradicionales franceses, descubrí el pan llamado "Pan Cordón de Borgoña", un pan de trigo con centeno de forma alargada y atravesado longitudinalmente por un cordón de masa centrado en una hermosa greña que divide el pan en dos claras mitades. De nuevo el mismo fenómeno, aunque esta vez longitudinal en vez de transversal.
Esta vez, por fortuna aunque lamentando no tener la misma suerte con el pan aragonés, ahora disponía de bastante información sobre este bonito pan.

Origen y simbología del Pan Cordón de Borgoña.

Región de la Borgoña. Fuente mapa base: Wikipedia

Según cita Mouette Barboff en su magnífico libro "Pains d'hier et d'aujourd'hui" (ver bibliografía), los orígenes de este pan se remontan al principio del siglo XIII en Vézelay, enclave cristiano importantísimo situado en el Camino de Santiago francés y del que partieron las 2ª y 3ª cruzadas. Por estos lares y en aquellos tiempos, un número muy elevado de órdenes monásticas imponían sus reglas y leyes; entre ellas la orden franciscana a través de sus "Frères Cordeliers", llamados así porque utilizaban una simple cuerda para atar sus hábitos, en señal de pobreza.
En un principio, estos monjes utilizaban la cuerda o cordón de sus hábitos para marcar el pan; hacían reposar la masa apoyada longitudinalmente sobre el cordón, lográndose así la larga greña que partía el pan, sin mediación de corte o hendido (fendu) propiamente dicho. El cordón de pobreza y la partición del pan, dos símbolos de espiritualidad que marcan la personalidad de este pan. El uso del cordón textil dió paso posteriormente a un cordón formado por la misma masa de pan.

Experimentación con cintas y cordones.

Siendo lo del greñado a partir de un corte o del hendido de la masa, mediante la presión de un palo redondo a lo largo del pastón de masa, materia más o menos superada, se hacía apremiante el experimentar este nuevo sistema, con lo que podía matar dos ( o tres) pájaros del mismo tiro: poner un ejemplo práctico de pan tradicional aragonés, probar un nuevo (para mí al menos) tipo de marcado para enriquecer el capítulo correspondiente en los apuntes y, porque no, dar a conocer un pan tradicional francés; tienes razón, Gusete, nos guste más o menos, los franceses nos llevan en esto de la recuperación de panes antiguos mucha ventaja... de momento ;-) y si no, solo hay que ver las magníficas entradas de Carmen en Madrid Tiene Miga.

Manos a la obra: utilizaré para la prueba una masa similar a la auténtica del Pan Cordón, pero algo diferente: es una masa que he ido adaptando y utilizo mucho como pan de diario y a la que defino como pan de miga de cordero y corteza de lobo. ¿Que porqué esta cursilada de nombre? pues por eso, porque tras una corteza recia, oscura, crujiente y mate se esconde una miga cremosa, muy blandita y esponjosa; y con un aroma...

Mezcla de harinas: 60% de harina de fuerza (W 300), 25% harina blanca de trigo tipo Rincón del Segura o Fariña Galega y un 15% de harina blanca de centeno (en mi caso, Fariña Centea Galega 72% extracción) para dar aroma.
Batir levadura fresca de panadero (1% sobre harinas), prefermento 100% hidratado (15-20% s.h.), agua a temperatura ambiente (35% s.h.) y leche (35% s.h.) hasta formación de abundante espuma; añadir aproximadamente un 20% de la mezcla de harinas hasta formar una papilla muy aireada.
Añadir el resto de harinas y la sal (2% s.h.), amasar a mano o con amasadora hasta lograr una masa lisa y satinada que pase con éxito la prueba de la membrana.
Reposar la masa hasta doblar (o casi triplicar) de volumen. Bolear y dejar en reposo unos 10 minutos para que se relaje la masa.

Ahora viene lo interesante: la formación de la cinta o cordón:

- En el caso del Pan de Cinta, el cordón de masa se hace una vez formado el pan, en forma de recio torpedo con un extremo más grande que el otro; damos un pellizco en la base de la masa y sin separarlo de ella lo retorcemos hasta conseguir un cordón de longitud suficiente para cruzar transversalmente el grosor de la barra, como puede verse en la siguiente foto:


Una vez formado, antes de la fermentación en banetón, tendremos el siguiente aspecto:


Nótese que la cinta no presiona la masa porque no queremos que "estrangule" la barra y falsee el efecto de greñado. Fermentamos en banetón aproximadamente la mitad del tiempo utilizado para el reposo en bloque, o algo menos y pasamos al horno. Una vez horneado 15 minutos a 240ºC con vapor y 30 minutos a 210ºC, nuestro pan de cinta tendrá el siguiente aspecto:


El efecto del greñado no es tan espectacular con cuando el cordón se sitúa en sentido longitudinal.

- Pasemos ahora al Pan Cordón de Borgoña: en este caso, tomaremos una pequeña porción de la masa con la cual haremos un par de cordones que a continuación trenzaremos y depositaremos en el fondo del banetón enharinado. El cordón puede ser simple, doble o triple, a gusto del consumidor:


Una vez enharinado ligeramente el cordón, depositamos encima la masa formada en forma de torpedo, cortando el sobrante de las puntas del cordón. Dejamos fermentar como en el caso anterior; antes de pasar al horno, nuestro pan tiene el siguiente aspecto:


Una vez horneado, el aspecto de la greña es el reflejado en la foto siguiente. A veces, el cordón no queda centrado en la greña, aunque no por ello deja de tener su encanto; es cuestión de practicar.



El porqué de la cosa.

En la información relativa al Pan Cordón de Borgoña, no se da explicación de tipo técnico a este tipo de marcado, es más, se reviste de cierta áurea de misterio el hecho de que el pan se abra sin que haya mediado corte o hendido en su formado.
Puestos a elucubrar sobre el tema, creo que este hecho refuerza lo que siempre hemos leído en cuanto a la necesidad de crear tensión en la superficie de la masa durante el formado y sobre la fragilidad de la misma después de la fermentación; también confirma lo que algunos autores comentan acerca del marcado, que no necesita ser profundo para producir un buen greñado.
El cordón provoca una presión sobre la superficie de la masa, con la que ni siquiera está en contacto directo puesto que  ambas superficies están enharinadas. Dicha presión es suficiente como para crear un punto débil que altera la tensión superficial y provoca su ruptura en la cocción, acabando en una hermosa greña, sobre todo cuando esa línea de fuerza originada por el cordón es paralela al eje de enrollado de la masa (longitudinal); ello justificaría el menor efecto en el sentido contrario (transversal), como en el Pan de Cinta.

En la siguiente foto tenemos una rebanada del Pan Cordón, en la que podemos apreciar la homogeneidad de la miga por debajo de la greña:


Para puristas y/o interesados, la receta del auténtico Pan de Cordón de Borgoña es la siguiente:

Harina de trigo tipo T55 con un 10 a 20% de centeno tipo T130
1-1,2% levadura fresca de panadero
2-2,5% de sal
65% de agua

El proceso de panificación es prácticamente idéntico al descrito para la prueba.

Ahora veamos un video de los 10 primeros minutos de horneado del Pan Cordón, comprimidos 8 veces en el tiempo para poder apreciar facilmente cómo se abre la greña:


Y puestos a experimentar, probemos con un anillo de masa sobre una hogaza; veamos el correspondiente vídeo acelerado de los primeros minutos en el horno:


Este es el aspecto final en el que podemos ver claramente como el anillo de masa ha greñado la superficie superior de la hogaza:


Es dificil controlar un levantamiento uniforme; el grosor del cordón de masa, la presión que ejerce sobre la masa de la hogaza y las posibles irregularidades en la masa, como en este caso concreto por contener trozos de olivas y albahaca, hacen que greñe, digamos... con personalidad.

¡Que disfruteis experimentando!

18 de febrero de 2010

Panes tradicionales de Aragón (1)


Hace ya algún tiempo que voy recogiendo información sobre el origen y tipología de los panes tradicionales de esta región, por lo que no quería demorar más su publicación; dejaré para una segunda parte la divulgación de aspectos más prácticos referentes a su elaboración, para lo cual necesitaré más información (y algún que otro desplazamiento...). Veamos por tanto un avance que nos ayude a situar en nuestro mapa un conjunto de panes que destaca sobre todo por su gran diversidad, raices históricas y gran calidad.
Decir también que una gran parte de la información recopilada ha sido extraída del magnífico trabajo de Rafael Montal Montesa, por desgracia fallecido en 2005 en accidente de tráfico, "El Pan y su Influencia en Aragón". He de advertir que dicho libro está actualmente agotado, aunque la Institución Fernando el Católico (Diputación Provincial de Zaragoza) tiene previsto próximamente digitalizar la obra y darle acceso libre a través de este enlace.  Quisiera agradecer desde aquí la autorización de la Secretaría Académica del IFC para la reproducción de las ilustraciones a plumilla de Fernando Martín que acompañan la obra, impagable fuente de información gráfica sobre formas de panes muy difíciles de ver en la actualidad, sino desaparecidos.


Aragón


La situación estratégica de la zona de Aragón en la Península Ibérica fué apreciada por todas las civilizaciones, considerándola nudo de comunicaciones de primera magnitud y lugar idóneo para grandes proyectos. Fruto de esta predisposición, las culturas establecidas promovieron, entre otras iniciativas, un fuerte desarrollo de los planes de riego y, en consecuencia, grandes extensiones de cultivo de cereales. Ya en tiempo de los romanos, en la zona solo se utilizaban trigos de la mejor calidad, por lo que sus panes pronto adquirieron fama equiparable a los producidos en Andalucía. En el siglo XVIII se soñó con hacer navegable el río Ebro para dar salida hacia el Mediterráneo de las excelentes cosechas de trigo. A finales del mismo siglo, un estudio de José-Francisco Forniés incidía en el interés por conseguir mejores variedades y un pan de mayor calidad y más barato. Todo Aragón, y Zaragoza en particular, gozó de una gran tradición harinera. La climatología especialmente variable de la zona, con fríos intensos en invierno y calores rigurosos en verano, indujo a los maestros panaderos a producir una gran variedad de panes, desde las migas prietas y bregadas hasta las huecas y esponjosas.

Como tal nudo de comunicaciones, podemos apreciar en el conjunto de la tipología de panes típicos de Aragón la influencia de las áreas geográficas vecinas, como veremos más adelante, principalmente de Cataluña, Castilla y Levante y, en menor medida, Navarra.

Clasificación de los panes de Aragón.

Podemos clasificar los panes tradicionales de Aragón en 6 conjuntos que recogen en su seno la gran mayoría de ellos:

- Panes de miga esponjosa, de corteza crujiente y mate; son panes influenciados desde Cataluña por el arquetipo pan de payés, extendido por toda la geografía española. En este grupo podemos incluir la Barra pintada de Teruel , la Francesilla de Jaca, Ayerbe y La Almunia de Doña Godina, el Pan de Cinta de Zaragoza, el Pan de Estrella del Maestrazgo Turolense, el Pan Cabezón de Sos del Rey Católico y Berdún (compartido con Navarra y País Vasco), el Chusco de Híjar, Valderrobres y Tarazona, el Pan Tercero de Cariñena, equivalente al Pan de Calamocha, así como el Churro de Calatayud y Tarazona.

- Panes bregados o sobados, de miga blanca y densa, con corteza lisa y dorada; la influencia en este caso viene de Castilla. En este apartado podríamos encuadrar las Trenzas de Zuera y Valderrobres y el Bisalto o Bisarto de Calatayud. En el caso de las trenzas, hay que resaltar que su origen en cuanto a la forma viene también influenciado por la larga convivencia de cristianos y judíos en las provincias de Zaragoza y Teruel.

- Los panes con aceite, también de influencia castellana, que podemos subdividir en tortas y cañadas, estas últimas genuinamente aragonesas; tenemos por tanto las Tortas de aceite de Alcubierre y Teruel, la Torta de cañamones de Monreal del Campo, la Torta de nueces de Trasobares y Vera de Moncayo, la Torta de roscón de Híjar, la Coca escalfat de Calaceite, los Cocs de Valderrobres, el Regañao de Teruel y las cañadas, que según su origen se denominan Cañada en Alcañiz, Peñaflor, Almonacid de la Cuba, Biel y Alcubierre, Guitarra en Cariñena, Fogaza en Erla, Dobleros en Ejea, Raspao en Híjar, Sequillo en Mora de Rubielos, Bolla en Calatayud y Bollo en Calamocha.

- Panes abizcochados, de masa dulzona, considerados como torta o roscón de Pascua; incluimos aquí el Pan o Torta de San Jorge de Híjar, también llamado Culeca con caña y similar a la Torta de Ambel, así como el Pan quemado de Teruel, de clara influencia valenciana.

- Panes figurativos, sin duda los más antiguos, con mayor carga simbólica y carácter ritual; adquieren forma de gallo en Híjar, de toro, de lagarto en las roscas de Pascua de Valdetorno y Calaceite, así como aspecto fálico o cuerniforme como el Pan de moños de Huesca. También podemos encuadrar en este apartado los hornazos dulces o salados de Alcañiz. Los hornazos (antiguamente "fornazos"), equivalente de las monas del Levante, representaban en el pasado el agasajo de los vecinos al predicador que les acompañaba durante la Cuaresma o el Domingo de Pascua; de modo análogo, "mona" deriva del "munna" árabe que señalaba el presente que recibían los sultanes con motivo de la celebración de la Pascua de Aid-el Seguer, concluido el Ramadán.

- Panes tipo Viena, de gran tradición y consumo y también llamados pan de manteca, son típicos sobre todo de Calatayud, aunque su elaboración está muy extendida por todo Aragón.

 

Descripción de algunos de los panes más significativos.

- Pan de Cinta: Pan rústico típico de Zaragoza capital, de miga esponjosa, hueca y tono ligeramente oscuro, con la corteza mate, crujiente, tostada y espolvoreada de harina; seguramente es el pan de mayor renombre fuera de Aragón, por lo que también se le conoce como Pan de Aragón.

 
Imagen: "El pan y su influencia en Aragón". Rafael Montal

Su forma es alargada, con extremos redondeados (uno mayor que el otro) y de altura considerable, siendo su rasgo más distintivo un cordon de masa que lo abraza transversalmente; en cuanto a forma, se le encuadra como pan polimorfo de clara alegoría a la vida, ya que recuerda un feto humano rodeado por su cordon umbilical.

- Pan Estrella, también llamado Pan de Pintadera, Pan de Pinta, Pintera, Bolla, Molde o Estrellao; estos nombres provienen del molde o pintera del que las familias disponían para dar forma a sus panes y así poderlos diferenciar tras cocerlo en el horno comunitario. El molde podía ser de piedra, cerámica, madera o metálico y la calidad del diseño y las filigranas que contenían determinaban la "buena pinta" del pan resultante; de ahí la expresión "tener buena pinta"... Son típicos de la provincia de Teruel y han sido
distinguidos con la denominación de calidad C'alial.


Imagen: "El pan y su influencia en Aragón". Rafael Montal

Su forma es como una hogaza pero más cónica; la miga es esponjosa y blanca, la corteza rugosa, mate y oscura.
En Alagón (Zaragoza), el Pan Estrella es de tamaño algo menor y se rellena de longaniza o chorizo; también es conocido como Pan de Jueves Lardero:

Imagen: "El pan y su influencia en Aragón". Rafael Montal

- Pan de moños: es típico de la provincia de Huesca, siendo su característica principal la existencia de dos o tres protuberancias en forma de moño, dependiendo del lugar. José Carlos Capel no duda en calificar su forma de cuerniforme o fálica, también en función de dichas protuberancias. Aquí podemos apreciar el Pan de moños de Binéfar, de dos protuberancias:

Imagen: "El pan y su influencia en Aragón". Rafael Montal

Y este sería el Pan de Moños de Ayerbe, de tres protuberancias:

Imagen: "El pan y su influencia en Aragón". Rafael Montal

A pesar de su forma, se encuadra en la familia de hogazas, debido a las características de su miga, esponjosa y blanca, y de su corteza, de color algo más claro de lo habitual.

- Pan de San Jorge o Culeca con Caña: no confundir con otro Pan de San Jorge de más reciente creación en Zaragoza, en 1992, para celebrar la festividad del patrono de la Comunidad. Me quiero referir aquí a un pan abizcochado de creación mucho más remota, de forma triangular, profusamente decorado con atractivos trenzados y que lleva incrustado uno o dos huevos duros en su interior, así como un trozo de caña para sujetarlo. Muy parecida es la Torta de Ambel, con una forma que quiere asemejar, según unos, a una mujer embarazada con los brazos en jarra y, según otros, representa una alegoría del coito (al estilo del cachete y rosca de Laguardia, en La Rioja Alavesa, para la festividad de San Blas), siendo por tanto y también un símbolo de fertilidad. Lamento no disponer de ninguna imagen aceptable del Pan de San Jorge pero sí he encontrado una de la Torta de Ambel, para que cada uno haga la interpretación que mejor le satisfaga:
 

Su masa es dulce y la superficie se espolvorea con azúcar. Es costumbre regalar esta torta a los niños para la festividad de San Jorge, el 23 de abril.

- Cañadas: a diferencia de las tortas de aceite, de influencia castellana, las cañadas representan un pan intrínsicamente aragonés cuyo consumo se extiende por las tres provincias, aunque es en el Bajo Aragón donde podemos ver una mejor y más completa representación. Este tipo de pan también ha sido premiado con el distintivo de calidad C'alial. Su diseño varía según el lugar, pero más o menos se mantiene una estructura plana, rectangular u ovalada, con cantos redondeados. En su superficie podemos observar acanaladuras paralelas longitudinales, cortes romboides o incluso pellizcos.
La miga es hueca, elástica y ligeramente oleosa; la corteza suele ser crujiente y rugosa, a veces oscurecida por la adición de azúcar antes del horneado. Veamos algunos ejemplos ilustrativos de cada acabado:

Cañada de Peñaflor:

Imagen: "El pan y su influencia en Aragón". Rafael Montal

Fogaza de Épila:
 
Imagen: "El pan y su influencia en Aragón". Rafael Montal

Cañada de Tauste:

Imagen: "El pan y su influencia en Aragón". Rafael Montal

Sequillo de Mora de Rubielos:


 
Imagen: "El pan y su influencia en Aragón". Rafael Montal

- Pan de Viena: es de justicia mencionar este tipo de pan, por la particular vinculación de su historia con Aragón. Panaderos austríacos introdujeron en Madrid, a finales del siglo XIX, la elaboración artesanal de esta especialidad con la colaboración de un aragonés, Matías Lacasa, emparentado con los hermanos Baroja por su esposa. La producción se efectuaba en la antigua residencia de los capellanes de las Descalzas Reales, adquiriendo pronto tal popularidad que se le denominó "Viena Capellanes" y fué origen de una exitosa gran cadena de establecimientos. Al fallecer Matías Lacasa, los hermanos Baroja se implicaron en el negocio, de ahí las chanzas que tuvo que soportar resignado Pío Baroja por parte de sus amigos, que le llamaban jocosamente "panadero".
Adopta principalmente dos formas: la de panecillo alargado y la de bola, ambas en tamaño de ración o familiar. La miga es abizcochada, blanca y esponjosa debido a la leche y materias grasas con que se elabora. La corteza es clara con tono amarillento, lisa y brillante.

- Regañao: es una torta elíptica de pequeñas dimensiones y escaso grosor, de miga esponjosa y aceitada y corteza mate y oscura, recubierta de una fina capa de jamón y pimientos a la que, en ocasiones, se acompaña de sardinas; en este caso se llama bollo de sardina o pan de sardinas como el originario de Loarre, que puede verse en la siguiente ilustración:

Imagen: "El pan y su influencia en Aragón". Rafael Montal


Ritos y tradiciones en torno al pan.

Existen documentados multitud de ritos conocidos y practicados en todo Aragón, aunque la mayoría de ellos ya han caido en desuso; citaremos algunos.
- En Baraguas, durante la "amasada", a la levadura se le decía "masa, sube en la vacía, como Jesucristo subió en el vientre de María", seguido de una señal de la cruz sobre la mesa, y al introducir la masa en el horno "Santa Vallezca bendita, te crezca, te crezca, te facia bon pan".
- Al inaugurar un horno en Ansó, se cocían pequeños trozos de pan y se distribuía entre los vecinos para que en caso de maleficio se repartiera entre todos por igual (mal de muchos...).
- En Gistaín no podía cortarse el pan mientras cocía ya que a la mujer que se atreviera a ello le caía una maldición, tornándose jibosa (¡!).
- En la romería de Ainzón, para la festividad de San Sebastián, se le colgaba al cuello del santo grandes collares de roscos de pan.
- En la provincia de Teruel existe la muy remota costumbre de hacer figurillas de pan que se cuelgan en las palmas y ramas de olivos que se llevan a bendecir el Domingo de Ramos. Vemos aquí las de Alcañiz:

Imagen: "El pan y su influencia en Aragón". Rafael Montal

- Para la misma fecha, en Híjar, las mozas casaderas regalaban "Gallos" a sus novios, que se degustaban a orillas del rio Martín. En justa correspondencia, los muchachos regalaban a sus novias una mona o roscón con dos huevos duros y azúcar. Este sería el Gallo de Híjar:

 
Imagen: "El pan y su influencia en Aragón". Rafael Montal

- En Huesca, el día de San Juan se recogían dos ramitas de nogal y se ataban en forma de cruz, dejándolas durante toda la noche sobre la levadura para que luego «creciese» bien.

- En la Hoya de Huesca, los panes benditos se elaboran para la fiesta patronal y las romerías. La ofrenda de panes, portados por muchachas solteras en cestos, se ha considerado una supervivencia de ritos antiguos de fertilidad encomendados a la mujer (las Mairalesas). Se inicia con la presentación ante el altar mayor, para ser bendecidos por el sacerdote y posteriormente repartidos entre los asistentes, siempre por las mujeres.

Finalmente y por el momento, despedir el post con una célebre canción tradicional infantil, "El Panadero":

A la una, a las dos,
a las tres de la mañana
se levanta el panadero
con calzones de badana.

Apareja su borrico
y le echa el alforjón
y se marcha a Zaragoza
a vender pan de Aragón.

Al buen pan de Aragón,
mocicas acudir,
que lo vendo barato
y me tengo que ir.